SOY IMPUNTUAL.

Me despierto. Apago la alarma el celular, me meto en la cama de nuevo y me chupa un huevo el mundo. No hay forma de que me despierte a las 9, desayune, haga cosas como la gente normal.
Me despierto a las 10, me tropiezo, me lavo la cara, me ato el pelo sucio y llego al laburo con la lengua afuera y dos horas más tarde.

Si tengo que estar a las 8, llego 8 y media. Y me tengo que comer el sermón de los puntuales,que el respeto y que la puta madre que te re mil parió. La cara de triste del que me esperó,esperanzado, del que perdió media hora de su tiempo mirando el techo y preocupándose por mí.

El tiempo no es el mismo para todos.

Evidentemente el tiempo y sus medidas oficiales no son mis amigos. El transporte público no me ayuda. Dale, 65, tengo que estar en 10 minutos, hacé tu recorrido de 20 en 5, concha tuya. Y el otro, que llegó temprano y todo bien, todo perfecto, me mira con cara de culo cuando entro re caliente porque el taxi me salió carísimo.

Me encantaría que todos vivamos en realidades paraleras que se unan cuando los dos que arreglaron una cita llegan en el horario que sea.

Pero no.

Soy impuntual, y eso me hace la persona más mierda del universo, ¿no?

¿Y el impuntual que espera al otro? Si un impuntual espera a una persona, le chupa un huevo si se atrasa (excepto la raza nefasta de los impuntuales deshonestos, no es este el caso). No detiene su vida esperando. Se pone a hacer otra cosa hasta que el otro llega. A mi me encanta. Quedamos a las 5 en la esquina. Me mandás un mensaje "estoy viajando, llego en media". Perfecto. Me voy a caminar por ahí, le hago ojitos al churro que está enfrente, me meto en el bar y me tomo una birra, me tomo un starbucks, hago un amigo nuevo. Me pongo a leer, estudiar, escuchar música. O simplemente a pensar en todas las cosas en las que hay que pensar y nunca hay tiempo. Precisamente por hacer estas citas de mierda en la que la gente se junta para dar/tomar clases, pagar impuestos, arreglar relaciones conflictuadas, ensayar obras de teatro, convenir honorarios. Esas citas que hacen que el mundo sea mundo capitalista y que la sociedad sea social, que ganemos y perdamos plata, que nos enamoremos o que nos odiemos y nos separemos para siempre. Lo que hace andar al mundo pende de un hilo, más bien de una aguja, de la aguja del reloj, del número digital que te dice que el otro llega tarde, que se corrió del espacio temporal unos minutos, que no le tenés que perdonar esa traición. No le importo, no me quiere, se caga en mí. Llega tarde porque no le importa nada.

Noooooooooo. Llega tarde porque se quedó dormida, porque no sabía qué ponerse, porque le calcula mal. Porque sigue creyendo que en media hora se arregla la cara, que el colectivo anda bien y llega en 2 minutos. No por un problema psicológico o por una negación interna. No te estoy odiando inconcientemente, sólo estoy llegando tarde.

Si, el mambo es distinto si hay que ir a un curso o al colegio. Bueno, te entiendo. Tenés que arriar a 30 tipos para que lleguen a una clase a las 8. Porque a las 10 hay que dejar el edificio. Y te entiendo. Ahí no hay tu tía. Pero si llegué tarde es mi problema. Yo me perdí el comienzo de la clase, yo tengo que andar después como una boluda fotocopiando los apuntes de los demás. ¡Qué problema! Pobres los hijos de los impuntuales, que desayunan rápido, llegan tarde, se pierden el saludo a la bandera. Ahí sí, pienso, pobres. ¿Pobres?. Y el hijo del puntual que se despertó a las 6 de la mañana para estar divino...?

Yo creo que les jode, a ustedes, puntuales, que el impuntual salga ganando en todas. Que le salga todo bien igual, que se le ocurran las mejores excusas, que se las arregle para que posta haya un paro de subte que justifique la tardanza. Les jode, sí. Por eso se complotan. Por eso impusieron el discurso, que el tiempo es plata, que mi tiempo lo manejo yo y no vos, que me faltás el respeto, que no se puede confiar en vos. Porque cuando las papas queman, cuando no llegás a terminar el trabajo para la facu, cuando te olvidaste una parte de una canción en el escenario, cuando te cortás una vena y hay que hacer un torniquete, no sos vos, puntual, el que se anima a poner la cara.

Es el impuntual el que se ensucia las manos y se redime torciendo los segundos y los milisegundos a su favor.

En el fragor de la batalla, el soldado más fresco es el que entró más tarde. Es el que la gana, digamos. Y el impuntual lidia con el enemigo más feroz. Horarios, agendas, estructuras se revelan contra el que no se deja doblegar por la arbitrariedad del tiempo y sus amigos. Guerrero noble, que pelea aún cuando ya sabe que su tropa está vencida.


El sol sale y se pone, acompañando la batalla de aquél al que no le importa quemarse las pestañas con las velas por no vivir bajo el mando de los rayos de Ra.

Soy impuntual, y eso me convierte en una guerrera contra el universo.